Mujer nepalí frente a estantes llenos de frascos llenos de diversas semillas.

El banco comunitario de semillas de Purkot (Nepal) conserva 136 variedades locales de 43 especies de cultivo. Produce 20 toneladas de semillas de variedades mejoradas, que vende localmente y son utilizadas por los agricultores.

© Pitambar Shrestha/LI-BIRD

Conservar los conocimientos autóctonos y locales para proteger la biodiversidad

Updated 05.10.2023

En un contexto sin precedentes de pérdida de la biodiversidad, un equipo de científicos acaba de publicar un artículo en el que hace un llamamiento para la conservación simultánea de las plantas y los conocimientos indígenas y locales asociados a ellas. 

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Según el último Informe de Evaluación de la Biodiversidad Mundial, publicado en 2019 por la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), la biodiversidad nunca había estado en peor estado: el 75 % de la superficie terrestre ha sufrido alteraciones significativas, el 85 % de los humedales ha desaparecido, etc. Un equipo de botánicos, ecólogos y etnobiólogos, entre otros expertos, ha publicado un artículo de opinión en el que se señala un aspecto poco conocido de la protección de la biodiversidad: la importancia de los conocimientos locales e indígenas sobre las plantas. “Los depositarios de este saber tienen un exhaustivo conocimiento de las plantas y su ecología, la forma de recolectarlas, prepararlas y utilizarlas, o también de almacenarlas, germinarlas y plantarlas. Son una memoria viva tanto de las especies de cultivo como de las silvestres”, afirma Irene Teixidor-Toneu, etnoecóloga del IRD en Institut Méditerranéen de Biodiversité et d'Écologie Marine et Continentale (IMBE) de Marsella.

La sabiduría local, en peligro

Sin embargo, a pesar de estos conocimientos avanzados, muy pocas veces se tienen en cuenta a la hora de crear colecciones de semillas ex situ –jardines botánicos y bancos de germoplasma– que es actualmente uno de los métodos de conservación de la biodiversidad. 

Miembros del banco comunitario de semillas de Purkot (Nepal) intercambian semillas en una feria local organizada por la asociación de bancos comunitarios de semillas de Nepal, integrada por 23 bancos.

© Pitambar Shrestha/LI-BIRD

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“Al igual que la biodiversidad, estos conocimientos están expuestos a muchas amenazas: a menudo se transmiten de forma oral e informal, se ven afectados por la desaparición de las lenguas y el no reconocimiento de los derechos de las comunidades locales e indígenas, con el consiguiente retroceso de estas comunidades. Por no hablar de la presión ejercida por la industria semillera que contribuye a la desaparición de estos conocimientos tradicionales”, señala la experta. “Es una paradoja, porque cuanto más percibimos las amenazas que se ciernen sobre estos conocimientos locales e indígenas, más nos damos cuenta de lo esenciales que son para la conservación biológica de las plantas, así como también de su potencial para el uso sostenible de las mismas o el reparto equitativo de los recursos genéticos”.

Acciones concretas

Entonces, ¿cómo conservar al mismo tiempo las semillas y los conocimientos autóctonos y locales? En su artículo, los autores detallan siete medidas para fomentar esta conservación simultánea, como facilitar el acceso al material genético, por ejemplo mediante un sistema más flexible que permita que las semillas circulen entre los centros de conservación y las asociaciones locales que las mantienen vivas.  “Cuando las semillas se conservan en un banco de germoplasma, se congelan y ya no evolucionan. No solo se desconectan de los conocimientos vinculados a ellas, sino que acaban también por desconectarse de los medios naturales en los que existían, sin ninguna certeza de que puedan plantarse en las condiciones climáticas del futuro”, lamenta la científica. 

 

Grupo de personas a ambos lados de una mesa donde se encuentran semillas en platos.

© Tiziana Ulian

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Otras acciones pasan por adoptar políticas que fomenten el intercambio de semillas –algo que actualmente impiden muchas legislaciones nacionales– o también el almacenamiento de información sobre los conocimientos de las comunidades indígenas y locales en las bases de datos de los bancos de germoplasma –lo cual sería una forma de reconocer oficialmente estos conocimientos y evitar que sean expoliados por las empresas. Para patentar un procedimiento de utilización de un recurso genético, la empresa que lo patenta debe declarar que este no se ha utilizado con anterioridad, un hecho que suele “obviarse”, ya que apenas hay registros de los conocimientos locales e indígenas. Otra medida planteada es la repatriación de conocimientos a las comunidades, sobre todo en aquellas en las que estos conocimientos se han perdido parcial o totalmente.

Recuperar la col escocesa y algunos alimentos mexicanos

Ya hay iniciativas en marcha que demuestran que todo lo anterior es posible. 

Técnico en semillas y miembro de la comunidad local recolectando plantas útiles en San Rafael, Coxcatlán, como parte del proyecto MGU-Useful Plants en México.

© Tiziana Ulian

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“KVANN es una asociación local noruega que fomenta el intercambio de semillas. La asociación emprendió la búsqueda de semillas adaptadas a los climas septentrionales y fáciles de cultivar, y encontró la col rizada de Shetland, en Escocia. La asociación ha logrado reconstruir las técnicas de cultivo de esta col a partir de datos históricos, arqueológicos y etnográficos, si bien estos conocimientos habían caído en desuso. Gracias a esta labor, esta col ancestral 'ha vuelto a la vida' y estos conocimientos vuelven a circular”, celebra Irene Teixidor-Toneu. 

Al otro lado del mundo, en México, el Proyecto MGU - Useful Plants Project, coordinado por el Royal Botanic Gardens de Kew (Reino Unido), ha mejorado el intercambio de conocimientos en más de 150 plantas silvestres utilizadas como medicinas y alimentos en el valle de Tehuacán-Cuicatlán. Esto ha permitido cultivar estas plantas en huertos domésticos o escolares, con el fin de conservarlas y compartir información sobre sus usos, cultivo y propiedades con el mayor número de personas posible. “Estas iniciativas son alentadoras, pero seguimos esperando que se generalicen. Ese es el objetivo de nuestro artículo: fomentar y facilitar su desarrollo a mayor escala”, concluye la investigadora.